PARLATINO. Otro llamado a la Paz en Medio Oriente. ¿Quién escucha? El Parlamento Latinoamericano y Caribeño exige el fin de la guerra desde la «Zona de Paz».
En un momento de extrema fragilidad para la estabilidad internacional, el Parlamento Latinoamericano y Caribeño (PARLATINO) alza su voz institucional para exigir el cese inmediato de los conflictos bélicos en Oriente Medio.
A través de una declaración oficial de su Mesa Directiva, el organismo regional que representa la voluntad soberana de 23 congresos nacionales, reafirmó la vocación diplomática de nuestra región y la urgencia de retornar a la senda del diálogo. Es que el ejercicio pleno de la diplomacia parlamentaria equilibra las relaciones exteriores de los Poderes Ejecutivos marcadas por la gestión del gobierno de turno.
«América Latina y el Caribe es Zona de Paz»
Al llamado a la Paz en Medio Oriente, se suma la contundente afirmación central: «América Latina y el Caribe es Zona de Paz» destacando la identidad compartida que trasciende fronteras ideológicas.
Esta frase está marcando un compromiso histórico ratificado en diversos foros internacionales (como la CELAC -Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños-).
Con esta afirmación, el PARLATINO le recuerda al mundo que nuestra región ha elegido el derecho internacional y la resolución pacífica de controversias como el único camino viable para la convivencia. Al proclamarnos como zona de paz, se envía un mensaje de contraste ante la escalada de violencia que hoy desgarra a otras latitudes.
Reflexión: el costo humano de la voluntad de pocos
Hoy se da la amarga paradoja que enfrenta el orden mundial actual.
Mientras las instituciones parlamentarias, como el PARLATINO, trabajan para construir puentes de entendimiento, el mundo observa con impotencia cómo una guerra es alimentada por las decisiones de líderes que priorizan el poder y el enfrentamiento por sobre el bienestar de sus propios pueblos y la seguridad global.
Los efectos de estas actitudes convertidas en acciones crudas van más allá de fronteras del conflicto e impactan en la economía global. Traen consecuencias graves en la vida de los pueblos y lesionan el futuro porque quiebran la confianza en las instituciones internacionales.
Es que cuando la diplomacia falla porque los líderes «hacen la guerra y no la paz», los cimientos de la democracia se debilitan.
Debemos promover lo que se afirma en esta declaración porque defender la soberanía de los pueblos es defender la vida.
Debemos defender la Paz, comunicar y educar en democracia y por la democracia, para que todas las personas comprendan que la paz no es solo la ausencia de guerra: es el respeto absoluto por la separación de poderes, los derechos humanos y la voluntad de los pueblos representados en sus parlamentos.
Elizabeth Leites para Universo Parlamentario